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lunes, 17 de junio de 2013

La última palabra {3}

CAPÍTULO 3.

 -Dani, ¿por qué has llegado tan tarde? ¿Sabes la que está cayendo y va a caer aún más fuerte?
El tono de Eva es bastante preocupado. Lo mira de arriba abajo una y otra vez para asegurarse de que está bien, que no le ha pasado nada. Pero no está tranquila. Antes de que Dani entrara por la puerta, tenía el rostro tranquilo, como si no tuviera preocupaciones, pero sólo con verle a él, su expresión cambió y se volvió seria y preocupada.
-Deja de preocuparte por lo que yo hago y empieza a preocuparte más por mejorar tu vida. –Sus ojos no transmiten nada, ni un solo sentimiento. Mira fijamente a los ojos a Eva, la cual parece estar a punto de llorar.
En un momento gira la cabeza y me mira a mí, lo cual parece que no se había dado cuenta que yo estaba ahí y había contemplado toda la escena, pero le da igual que yo lo haya visto todo. Mira a Eva intentado buscar una explicación de quién soy.
-Se llama Zaida, se quedará esta noche a dormir, ya que parece que no va aflojar. Ayúdame a sacar las cosas de la habitación que hay libre.
-No, no hace falta. A mí con que me dejéis un cargador, para poder llamar a mis amigas y vienen a por mí.
-No, Eva tiene razón. No puedes salir con la que está cayendo fuera. Quédate a dormir aquí esta noche. –Dice Dani mientras sonríe mirándome.
Su rostro ahora es diferente, pero no podría describirlo. No para de mirarme mientras sonríe, y eso me empieza a poner de los nervios. Pero la verdad, es que así es muchísimo más guapo. Al entrar su rostro era serio y triste, ahora no es así. Sonríe y parece ser feliz pensando lo que esté pensando. La sonrisa le favorece mucho más que el rostro serio y triste.
-De verdad, que yo prefiero irme. –Digo intentando buscar una salida, ya que no quiero quedarme aquí y que mis amigas estarán preocupadas.
-Me da igual lo que digas, total, te vas a quedar igual a dormir aquí. Voy preparando tu habitación. –Dice Dani mientras desaparece por la puerta.
Eva me mira sonriente y comienza a reírse y esa risa se la contagia a su padre, el cual también comienza a reírse. No sé si reír, tampoco sé de qué se ríen. Quizá tendré algo en la cara o en la boca. O me habrán visto que miro mucho a Dani. Empiezo a tocarme la cara y mirarme en el reflejo del móvil. No, no llevo nada. No se pueden reír de eso. Se paran. Detienen los dos su risa a la vez; como si estuvieran sincronizados. Me miran y se puede ver en la mirada de Eva preocupación; preocupación hacia mí, en la mirada de Pedro puede ver un poco de felicidad en medio de tanta tristeza. Por un momento le viene a la cabeza la historia de Rosa y le entran unas inmensas ganas de llorar.
-Dani es guapo ¿verdad? –Dice Eva sin pensarlo dos veces.
-Sí, bueno, no está mal. –Se nota que está nerviosa. Odia esas preguntas, ya que nunca sabe que responder.
-Le has gustado. Lo he visto. Es la primera vez después de mucho tiempo que sonríe de esa manera. Y me asusta, me asusta que se dañe, que lo vaya a pasar mal. Pero también me asusta lo que te pueda pasar a ti.
-Dani no le hará daño, él no es capaz de hacer daño a alguien.
Y comienzo a reir fuerte. Sus discusiones me traen añoranza de mis padres, y me encanta me encanta escucharlas. Me hacen reir. Ahora, quizá, pueden estar pensando que estoy loca o algo así. Paran de discutir al escucharme y me miran sin entender por qué comencé a reír de un momento a otro.
-Me recordáis a mis padres. –Me limito a decir.
Eva y Pedro se entristecen. Y me siento gilipollas. Recuerdo el día de la boda de mis tíos; el cura dijo ‘hasta que la muerte os separe’ y a mí me entraron unas inmensas ganas de levarme y decirle ‘la muerte no separa un amor tan grande como el suyo, puede separar algunos, pero el suyo no. Y usted debería saber que hay amores tan grandes que ni la muerte puede con él’. Ni la misma muerte ha conseguido calmar el amor de Pedro hacia Rosa. Ni la misma muerte, pudo terminar con algo tan grande y tan inmenso.
Él, que nunca vivió con miedo a perderle, ya que pensaba que iban a morir juntos de la mano, con su canción de fondo. Una bonita forma de morir ¿no? Él, que creía caminar de la mano del amor por el resto de su vida.
Y es que ella es amor. No se puede describir qué es el amor. Pero cuando tienes a la persona que necesitas, sabes que ya tienes la respuesta a qué es amor. Amor es ella. Amor es él. Amor es quien te hace tocar el cielo sin quitar los pies de la tierra. Amor es la sensación de volar. Amor es darle la vuelta al mundo con sólo mirarle. Amor es la manera que tiene esa persona de hacerte reír cuando tienes ganas de llorar. Amor es tus suspiros al verlo en la acera de enfrente. Amor es volverte loco con cada una de sus manías. Amor es la Torre Eiffel encendida un 14 de Febrero. Amor es Venecia es diciembre. Amor es un invierno a su lado.
No existe definición, ya que la definición de amor es esa persona por la con tan solo ver sus pupilas ya estás suspirando.
Debería saberlo, el cura debería saber que ni la muerte es capaz de separar algo tan grande como el amor. Debería ser algo como ‘hasta que nada os separe’.
-Voy hacer la cena, Zaida si quieres algo coge lo que quieras, estás como en tu casa.-Dice gritando ya desde el pasillo.
Pedro me mira ahora mismo observando algo que no logro saber qué es.  Me gustaría preguntarle historias que haya vivido con Rosa, pero eso implicaría su rosto entristecido y sus pupilas a punto de llover.
-No te hará daño de verdad. El nunca haría daño a una chica. Nunca se crió con esa idea en la cabeza, ni ahora que cambió, piensa hacerle daño a una chica.
-La habitación ya está lista.-Dice apareciendo por el marco de la puerta.- Ven, que te enseño la casa.-Le sigo por toda la casa, mientras me va diciendo donde está cada cosa que me puede hacer falta durante la noche.- Y aquí es donde vas a dormir esta noche. Es bastante sencilla y tiene lo justo, pero bueno, para dormir no creo que te haga falta mucho más.

Me muevo para mirar lo que hay detrás de mí y la lámpara que está en la mesita de noche, cae al suelo haciendo de ella mil trocitos. ‘Si es que no te estás quieta’. Susurra detrás de mi oído. Me giro y quedamos a centímetros, quizá incluso se podría decir que a milímetros, ya que puedo escuchar el sonido de su respiración contra la mía. Inconscientemente nos vamos acercando, sus labios y los míos empiezan a rozarse, pero, antes de que queden completamente unidos, me separo e incómoda empiezo a recoger los trozos de la lámpara. Oigo su suspiro y segundos después me ayuda a recogerlos y luego, desaparece dejándome sola en la habitación sintiéndome idiota por no haberlo besado.

domingo, 28 de abril de 2013

La última palabra {2}

CAPÍTULO 2.


No sabe dónde mirar, todo lo que ve a su alrededor le gusta tanto que no sabría qué hacer. Es el tercer día ya en Ibiza, y a pesar de estar cansada, se levanta a las diez de la mañana para conocer todo aquello.
-Perdone -Dice acercándose a un hombre que está sentado en un banco- ¿sabe dónde puedo ir a coger el barco para ir a las islas de al rededor?
Es un hombre de unos 58 años, pero aparenta más, seguramente la misma vida le habrá arrebatado la edad. Mira a un punto fijo esperando que de ahí aparezca o pase algo. Viste como si no tuviera dinero, pero en cambio no aparenta no tenerlo. No es que sea un hombre normal, lleva varios minutos plantada frente a él y aún no le ha mirado siquiera, supone que no le habrá oído.
Cuando va a preguntarle otra vez, el hombre gira la cabeza y comienza a examinarla, como si buscara algo que ella tuviera puesto.
-Yo de ti no iría a esos barcos, al menos hoy. Va a llover y no te va a valer para nada, no podrás estar ahí mucho tiempo. -hace una pausa, como si buscara las palabras exactas, y continúa.- Es de esas lluvias que empieza con pequeñas gotas, y ves como el sol asoma por un lado, pero es un engaño, porque minutos después, comenzará a llover tan fuerte, que no te dará tiempo a refugiarte antes de no mojarte. Pero al final del día, justo cuando anochece, empieza a aclararse el día.
Zaida mira a ese hombre intentado buscar una respuesta que darle. Ella hoy quería ver las islas de al rededor y ese hombre le dice que va a llover y no verá mucho, más bien nada.
-Ya me estás tomando el pelo, papá. -dice una mujer riendo, pero Zaida no sabe de donde salió, ni cuándo. Es bajita y exactamente igual a su padre, pero no viste como si fuera pobre -¿Te estaba diciendo que va a llover verdad? - Zaida asiente sin saber qué decir.- Perdona a mi padre, desde que se murió mi madre un 4 de enero lluvioso, cree que va a llover todos los 4, según él esa es la forma en la que nos demuestra que sigue aquí.
-Pero ningún 4 mentí, todos llovieron. Mira, mira -dice señalando el suelo- antes de llover, chispea, es cuestión de minutos.
Zaida empieza a sonreír, le recuerda a sus abuelos. Ellos siempre hacen peleas así, y es una cosa que siempre le gustó. Pero tal y como dijo aquel hombre, por minuto va apretando más.
-Ven -dice la mujer- entra un rato casa hasta que vaya aflojando un poco.
Salen corriendo hasta una planta baja de la acera de enfrente. A pesar de que el hombre aparenta tener más edad, tiene mucha agilidad.
Desde fuera la casa parece que sea antigua, pero una vez dentro, todo lo que la rodea es lujo, no hay nada que no tenga valor. Al entrar, ve una foto de una mujer rubia, colgada en la pared, muy guapa para ser mayor, y a medida que va entrando, puede ver como la casa está forrada de fotos de ella.
-¿Quién es? -Pregunta intrigada. -Es bastante guapa.
-Es mi mujer. -Dice el hombre, al que sus ojos se han empezado a entristecer.
La chica que antes le acompañaba, cree recordar que se llama Eva y aquel hombre Pedro, se fue para dentro, dejándolos solos.
-¿De qué murió? -intenta saber algo más de esa mujer, ya que para Pedro, el 4 sólo implica un día de lluvia.
-Tenía cáncer. Los médicos nunca le dijeron que tenía cáncer, no estaban seguros de ello, y cuando lo hicieron, tan sólo le quedaban 5 días de vida, aunque ellos le dieron unas semanas. -Suspira y empieza a sonreír recordando algo.- ella no nos lo quiso decir, y nos llevó a Eva, Dani y a mí a Suiza. Siempre dijo que su sueño es ir allí, conocer eso sitio que parece tan bonito, y de hecho no se equivocaba, es precioso. Vivió sus últimos días como cualquier persona querría vivir su vida. Estaba llena de energía, de vitalidad. Era algo mágico de ver. No dejaba de sonreír en ningún momento. Quería vivirlo todo al máximo, disfrutando todo lo que no pudo años atrás. -Y justo dice esa última frase y su cara cambia, su rostro se entristece y deja de hablar.
-¿Murió allí, en Suiza? -Esa historia había empezado a entristecer a Zaida y a intrigarla, no tenía nada que hacer a causa de la lluvia, así que quería saberlo todo.
-Cuando regresamos a Ibiza, ella comenzó a ponerse mala. Cuando regresamos hacía un sol tremendo. Y de un momento a otro, comenzó a llover sin parar. No se despejó en todo el día. Fue como si la madre naturaleza quisiera avisarnos de ello, como si alguien quisiera avisarnos de que así estaremos nosotros después de que el vaso de cristal más preciado se rompa. -Aparta su mirada a aquellas fotos intentado encontrar así la fuerza para seguir hablando.- Por la madrugada, el día 4, sobre las 5 de la mañana, los reyes se adelantaron con mi regalo. -Sonríe irónico.- Rosa comenzó a toser y le costaba respirar, ella no podía casi hablar, los niños se asustaron mucho al oír tanto escándalo y vinieron corriendo. Minutos después, murió. -Zaida nota como le pesan las palabras y le cuesta seguir hablando.- La muerte de Rosa le causó una gran depresión sobre todo a Eva, ella estaba embarazada y perdió al niño; Dani estuvo semanas sin hablar, él esperaba llegar a casa y oír como su madre discutía con su hermana, o estar él en casa y que la puerta se abriera y gritaran nada más entrar 'PEDROOOO'. Es algo de lo que nunca nos acostumbraremos a vivir sin ello.
Zaida nota como Pedro intenta permanecer fuerte y no derrumbarse pero recordar cosas de alguien que se fue, sólo te hace más daño que el que ya dejó en su día.
-Antes sólo queríamos que se acabaran esos gritos, las peleas, y todo lo demás. Pero ahora que todo es silencio, echas de menos esa voz que pegaba todo el rato gritos, las discusiones, los besos, las risas. Echas de menos todo lo suyo, pero nunca te diste cuenta de lo tan importante que era para ti.
Zaida lo mira y recuerda la muerte de su abuela. Ella sólo quería dejar de oír las quejas a si era buena nieta, si no sabía hacer nada en la casa. Y cuando se fue, echabas de menos esas cosas que tanto odiaba.
¿Por qué sólo te das cuenta de lo que tienes justo cuando ya se fue? A lo largo de tu vida pierdes a mucha gente, quizá porque la misma vida se los llevo, porque se fueron para ir a trabajar a el pueblo de al lado y nunca volvieron, quizá por orgullo o por tratarles mal. Pero muy pocas veces se quedan siempre, y saber eso te entristece. No quieres levantarte una mañana y ver que la persona que te hace feliz, se ha marchado y tú no disfrutaste junto a esa persona sus últimos días, pero tampoco perdices el futuro como para saberlo.
Pedro mira a Zaida esperando que diga algo, pero antes de que ella hable, Eva aparece tan sonriente como cuando la conoció fuera.
-¿Qué te parece Ibiza? -Dice Eva intentando buscar un tema del que hablar.
-Tampoco la he visto mucho, pero todo lo que vi, es muy bonito.
-Seguro que viniste aquí por las fiestas. -Dice soltando una carcajada. -Todos venís por lo mismo.
Zaida empieza a reírse y comienza a fijarse más detenidamente en Eva, parece una chica que tiene casi cerca de los 30 y no parece tener depresión por la muerte de su madre y la pérdida de su hijo. Pero como su madre siempre le dice, las apariencias engañan.
Justo en ese momento, aparece un chico ni muy alto ni muy bajo, completamente empapado, se nota que va al gimnasio, ya que está bastante bueno, es demasiado guapo, en Barna no hay chicos así y si los hay, suelen ser gays, tiene la piel muy morena, por el sol que habrá tomado, va vestido como si fuera alguien que lo ves y huyes por miedo a que él o su banda te hagan algo, pero la realidad, es que en sus ojos, esconde tristeza, igual que su hermana y su padre.

sábado, 27 de abril de 2013

·La última palabra. {1}

CAPÍTULO 1.

Hay muchas personas que dicen que al haber chocado ya con una piedra la siguiente la esquivarán, pero la verdad es que ni la esquivan ni quieren esquivarla y continúan chocándose una y otra vez sin querer darse cuenta de que cada vez que se chocan la hostia es más grande y duele más. Mi abuela me enseñó que cuando más piensas en algo, te dolerá el doble y no serás feliz, ni antes ni después. Supongo que no hablaba de mi caso. No se va a la guerra, pero si no pienso, está el reloj para indicarme que a cada ‘tic’ deja pasar un segundo más que se acerca al día que la persona que daba estabilidad a mi vida, se marche.
-Sólo serán 5 meses, no te preocupes por eso. En 5 meses volverá a ser como siempre.
-Supongo… Pero en esos 5 meses, ¿qué vamos hacer? Tú te irás y yo mientras me quedaré aquí, esto no va a salir bien. No te vayas, quédate. Quédate aquí conmigo.
-No puedo, de  verdad, sabes cuánto querría quedarme Zaida, pero no puedo, ya está todo decidido.
¿Qué pasaría si ahora mismo empieza el apocalipsis? ¿O el maldito fin del mundo? Mucha gente se asustaría, pero yo ya estoy viviendo el maldito fin del mundo. Quizá él no es mi mundo entero, pero es el muro de carga que sostiene el edificio más importante de mi casa para que no se derrumbe, y ahora en ese muro, por alguna razón que desconozco, salió una grieta y antes de que se desvanezca, prefiere ponerle un cuadro encima, y huir.
Si un mes antes me dicen que tengo que despedir a la persona que me proporcionó felicidad durante tantos meses, supongo que habría inventado una máquina del tiempo para que no avanzara más. Son las ultimas cuarenta y ocho horas, las cuales la mitad, no lo veré.
Esto no puede estar pasando, no se puede estar derrumbando lo que tanto tiempo me costó construir. Cansada de tener esa conversación demasiadas veces, cuelgo sin decir nada y me voy a clase.
¿Por qué no puedes tener el valor suficiente de plantarle cara a las cosas y dejar de huir de todo? Estoy cansada de que huyas como si hubieras hecho algo malo, porque si tú lo haces, yo también. Estoy segura de que hasta en el maldito fin del mundo saldrías corriendo. Pero tú no eras asi, cuando yo te conocí no salías corriendo a la primera de cambio, aunque no quisieras, le plantabas cara a todo.  Algo te está pasando. Hay algo que me estás ocultando, y lo sé.
Voy a la parada lo más rápido que puedo, pero ya he perdido el autobús. Otro día más. Suspiro y voy hacia la playa.
Es imposible pasear por la calle cuando algo no va bien intentado no fijarte en lo felices que son todos, o en lo que aparentan ser y tú no eres capaz de estar igual. Niños de la mano de su madre contándoles todo lo que quieren hacer hoy en clase y cuando salgan. Parejas de la mano contándose los planes de futuro juntos. Una chica riendo por algo que le cuenta su amiga. Dos hombres con pinta de empresarios hablando animadamente sobre algo. Una pareja de ancianos paseando felices por la calle recordando algún que otro momento. Y yo voy sola por en medio de la calle sintiéndome como si fuera la única persona que no tiene alguien  con quien compartir los momentos.
¿Cómo es posible? No puede ser. Superamos la diferencia de edad, callamos las bocas de los que decían que dos personas a miles de kilómetros no se podían querer, y más aún si nunca se han visto. Ni la distancia ni la edad fue un problema para nosotros y ahora que parece que todo va bien, volvemos al túnel sin salida.


Definiste nuestra historia en una de tus absurdas teorías. ‘La vida tiene de fondo una banda musical, pero un día un gracioso le quito el sonido y por eso no la escuchamos. Tú y yo nos juntamos en la misma canción. Cuando nada podía ir peor, nos conocimos. Nuestra historia es pura magia mezclada con música, si un día por alguna razón la música se apaga, la magia se va. Pero eso no pasara, porque se donde están todas las tiendas de discos de aquí’.
¿Por qué en vez de huir vamos a todas las tiendas a buscar un disco que te solucione? Siempre me dijiste que la música era la solución para todo pero desde luego que este no eres tú. Yo no me enamore del tío que huye para ser como todos, sino, del que mira al resto del mundo desde una esquina viendo como se pelean por ser iguales. Este no es el Iván que yo conocí.
*Unos años atrás*
-Mamá, déjame ya, que sólo me voy para pasar el verano.
Su madre hace un intento de sonrisa pero no puede, es el primer verano que deja que su hija mayor se vaya con sus amigas a pasar las vacaciones fuera de Barcelona, y ni más ni menos que se va a Ibiza. Le dio el permiso para que no se quedara aquí sola mientras sus amigas se van allí. Aisha y Elena la esperan un poco más alejadas. Su madre suspira cuando oye el aviso de su vuelo, se despide por última vez y recordándole el peligro de tantas cosas ve como se aleja su niña, ya mayor, de 17 años.
Las tres chicas se ponen a contar como quieren que sea su verano allí, sin saber que ninguna se escucha, mientras suben al avión. Una de ellas tiene que ir en un sitio con alguien desconocido, y como siempre, Zaida se ofrece, no tiene ganas de volver a escuchar los gritos de sus amigas.
Una vez en el avión, Zaida coge el lado de la ventana, pues cuando vino no había nadie. Unos minutos después alguien le toca el brazo.
-No es por molestarte, pero ese es mi asiento. – Dice a la vez que le enseña el billete. Se levanta y mientras lo examina le cambia el sitio. Es un chico alto, medirá al redor de 1’90 o así, no ha tomado mucho sol en Barcelona, aunque eso no le extraña, más o menos los dos tienen el mismo color de piel. Tiene los ojos de un verde claro y el pelo castaño. Aproximadamente debe tener unos 22 años. De repente el chico comienza a reírse, ya que hace más de dos minutos que Zaida no aparta la vista de él. Una voz anuncia que ya van a despegar. Una vez en el aire, Zaida se pone los cascos y se duerme.
Una media hora después ese chico empieza a zarandearla, Zaida se despierta aturdida y el chico empieza a reír.
-¿Qué pasa? ¿Hemos llegado? –Él niega con la cabeza. En su cabeza comienzan a asomarse miles de insultos hacia él.
-Esa canción. Esa canción que estás escuchando, ¿me puedes dejar un auricular? Es mi favorita.
Lo mira sorprendido. Lo que está sonando ahora mismo es ‘Us and them’ de Pink Floyd, su canción favorita. Ella le deja un auricular y durante todo el resto del viaje, comienzan hablar de música.
-La música es lo más importante para la gente. –Empieza diciendo el chico- yo tengo una teoría para eso, la música es lo más importante para las personas porque intentan huir de algo, pero, ¿no te das cuenta? No hace falta ponerse unos auriculares para escuchar música. Escucha-dice creando silencio- los movimientos de ese hombre con los pies por miedo al aterrizaje, es música, esa chica moviendo los dedos como si tocara algo, también, los ronquidos de ese hombre que aún no se ha dado cuenta, también es música. Todos tus movimientos es música aunque no lo creas. Pero nadie ve eso, todos creen que si quieres crear música, tienes que tocar un instrumento, pero no hace falta, ya naces con la música y el ritmo.
Zaida se queda asombrada mirando al chico que tiene sentado al lado suyo. Es la teoría más tonta que ha escuchado nunca, pero a la vez tiene mucho sentido. Ya han aterrizado y ninguno de los dos se dio cuenta.
-Me llamo Zaida.-Dice ella tratando de encontrar algo para volver a verlo.
-Iván. –y justo cuando ella va a pedirle su número, él dice adiós y desaparece. 

·La última palabra.


INTRODUCCIÓN.

Últimamente me obsesiona como pasa el tiempo.
A veces siento que la vida se me escapa de las manos e inmediatamente pienso si estoy aprovechando bien el tiempo, si disfruto cada día como corresponde, si me molesto en ocasiones por cosas que debería dejar pasar, si le dedico demasiado tiempo a cosas sin importancia, si no estoy entendiendo que la vida es ahora, este instante. Entonces me tranquiliza pensar que si, que estoy realmente feliz. Por suerte soy consciente de los privilegios que tengo, sobre todo, porque no siempre los tuve. Valoro cada atardecer que veo, me da placer amar tanto a una persona, necesito poco para ser feliz y lo tengo casi todo.
Conozco lugares increíbles, charlo, leo o me acobijo entre sabanas. No podré detener la velocidad con la que pasan las horas, pero podré disfrutarlas intensamente.
Por un momento pensé que me encontraba enojada, decepcionada, o peor aún, triste. Pero me di cuenta que simplemente me encuentro vacía, y no es aquel vacío sufrible que te vuelve vulnerable y melancólica. No, este vacío es interminable, es agotador y hasta prejuicioso. Te va comiendo las entrañas y te vuelve inmune a lo que llamamos amor.
Él ya se fue, en 5 meses volverá. Pero una vez acostumbrada a levantarte viéndolo cada mañana, 5 meses casi sin verlo, sin tocarle, sin olerle, sin oír su risa cuando dices algo tonto, sin oír sus absurdas teorías. Esos 5 meses se pueden hacer demasiado largos. Tan largos que ni yo misma seré capaz de aguantar y vivir el presente, sin pensar en el futuro. Si mi futuro está él, ¿cómo no voy a pensar? No puedes dejar de pensar en lo que te gusta, igual que tampoco puedes dejar de perseguir lo que deseas. Y justamente esas dos cosas, tienen el mismo nombre, que acaba de volar a Italia.